Qué duro es tener roto el corazón y sentir cómo literalmente el pecho duele, la garganta se hace un nudo seguido, los pensamientos no dejan de rumear y rumear en lo mismo, los ojos se sienten cansados y pesados y la motivación está encerrada en la última torre del castillo más alto.

Cuando escucho corazones rotos, lo primero que me viene a la cabeza es un desamor, un despecho de esos bravos en los que cuesta recobrar compostura y recordar quiénes éramos antes. Pero en este caso, tengo roto el corazón y la responsable soy yo.

Sé que no solemos rompernos el corazón a nosotras mismas, pero no sé cómo más describir lo que siento: he pasado tantas veces sobre mí misma, he sobrepasado tantas veces mis propios límites, he aceptado cosas que jamás pensé que aceptaría, me he irrespetado tanto y he desconfiado tanto de mí.

No he sido responsable con mis metas y me he incumplido más veces de las que me he cumplido. He puesto el trabajo encima de mis necesidades, convirtiéndome en eso que quería destruir. He puesto las necesidades de los demás por encima de las mías. He evitado el conflicto y la confrontación por evitar peleas, silenciándome, omitiendo mi opinión y haciéndome chiquita, en pensamiento, palabra, obra y omisión.

No he respetado mi cuerpo; lo he alimentado con cosas que lo último que hacen es alimentar; no me he puesto límites con la comida ni con los dulces y mucho menos he sabido tener autocontrol. Me desconozco tanto.

No seguí haciendo ejercicio, ni siquiera intentarlo, estoy muy cansada para tan solo intentarlo.

No confío en mí para cumplir mis proyectos; siento que lo he intentado tanto, de tantas maneras, con tan poca persistencia, que intentarlo una vez más será en vano. Voy a terminar en lo mismo de siempre, empezando con toda la actitud y la ilusión y terminando a la semana o dos semanas tras la primera dificultad o piedra en el camino.

No me reconozco cuando me miro en el espejo, la mirada triste, los ojos caídos, la sonrisa inexistente o forzada, la postura floja, la panza grande, la cabeza baja y el amor propio lejos de mí.

Me rompe el corazón ver todo lo que me he hecho, todo lo que me he permitido, todo lo que me he dejado.

Con amor,
Mari.


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