Las redes sociales nos muestran exactamente eso que queremos ver: las personas que queremos ser, la vida que queremos tener, la pareja que queremos conseguir, el trabajo que queremos adquirir, los hijos que queremos tener, el camino educativo que debemos seguir, todo. Y todo eso construido con la información que le hemos ido regalando con el paso del tiempo y del uso de estas apps que no cobran nada por brindar entretenimiento.

Hay un documental de Netflix en la que varias personas con experiencia laboral en creación de algoritmos para redes sociales, expresan que no saben hasta que punto es ético y moral la creación, uso y aprobación social y legal de este tipo de consumo, en el que se sabe absolutamente todo del usuario, porque este, sin darse cuenta, ha ido proporcionando detalles de su personalidad, forma de ser, gustos, disgustos, preferencias, incluso detalles importantes como dirección de residencia y rasgos físicos.

Visto en perspectiva, si que hemos estado regalando toda nuestra información a cambio de un ratico chévere.

Toda esta conversación de las redes sociales y la adicción que generan en los usuarios me apasiona demasiado porque soy adicta a las redes sociales jajaja, he experimentado en carne propia lo que es estar pegada al celular durante una cantidad de horas alarmante solo deslizando y consumiendo información, y consumiendo y consumiendo y consumiendo. Claramente perdiendo la noción del tiempo y teniendo ganas de parar, pero al mismo tiempo pocas ganas de parar.

No se en que momento llegamos tan lejos que no podemos estar medio minuto sin aburrirnos porque ya empezamos a sacar el celular, revisar whatsApp, abrir TikTok, Instagram, X, Pinterest y todo en menos de 1 minuto. No podemos estar en silencio en una reunión porque ya empezamos a sacar el celular, si es que no lo tuvimos afuera ya todo este tiempo.

Me entristece el punto al que hemos llegado, en el que en lo personal, tengo días de 5, 6, 7 horas de redes sociales AL DÍA, horas en las que he estado consumiendo montones de información, reteniendo muy poca, queriendo hacer muchas más cosas y al final frustrándome por procrastinar todo el día y preferir el scrolling sobre cualquier otra actividad más lucrativa para mi creatividad, mi mente, mis neuronas y mi capacidad de retención.

Lo peor de todo es que hay otras emociones que acompañan mi frustración, esta la tristeza de haber perdido horas, la desesperanza de no tener la vida soñada que veo en las redes y la baja autoestima de haber estado comparando mi cuerpo, mis habilidades, mi casa, mi cara, mi trabajo, mi todo, con los 5 minutos de otra persona.

Creo que no vale la pena disfrutar de unas horas y generar un montón de conflictos internos y sin embargo, es un monstruo difícil de combatir, un hueso difícil de roer. Es difícil desinstalar las redes sociales y es difícil dejar de ver tanto contenido cuando estas acostumbrada y adicta, literalmente, a verlo demasiado y todo el tiempo.

En mi caso personal es una guerra que sigue en juego. Hay semanas en las que logro ganar la pelea y desinstalar Instagram y TikTok. Hay semanas en las que desinstalo las apps pero veo YouTube Shorts. Hay semanas en las que tengo todas las apps en mi celular y no respeto nada mis limites, y así me va yendo. ¿A ti que tal te va?

Con amor,
Mari.


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