Estamos desconectadas de nosotras mismas. Creo que es el precio a pagar por darle nuestra atención a cosas que nos generan más dopamina, como el scrolling de las redes sociales.
Si te preguntas si este es otro texto hablando de cómo las mamás sí tenían razón en que el problema era el bendito celular, te advierto de una vez que sí es. El celular nos ofrece una alternativa muy buena ante el aburrimiento, el estrés, la tristeza, la felicidad y básicamente cualquier emoción.

A mí me pasa mucho que siento frustración, inseguridad, y tristeza y lo que hago es abrir mis redes sociales favoritas para ponerme a scrollear y pasar por alto la emoción que me está atravesando en ese momento. Muy loco porque soy consciente de lo que siento y muy por el contrario, de manera casi inconsciente, elijo ignorarme y centrar mi atención en los pedacitos de vida que otras personas quieren compartir en internet.
Siento que la facilidad que nos ofrece el desbloquear el celular, abrir una app y empezar a ver contenido que nos gusta y atrapa, hace más difícil que atendamos cosas internas, que prestemos atención a nuestras emociones, sentimientos, a los deseos de nuestro corazón, y al final mediante pequeñas decisiones, nos desconecta de quien queremos ser. Se nos olvida ser, por estar observando ser a los otros.

Hay algo conspiranoico en todo esto, y es que a las personas que están en el poder les conviene que nosotras estemos distraídas, les conviene que no nos escuchemos ni atendamos las señales que nos manda nuestro cuerpo, que no atendamos a los llamados de nuestra alma y que estemos todo el tiempo distraídas con una pantalla, una aplicación, una serie, una película, un partido deportivo, en fin.
Y toda esa distracción es deseada para el ser humano, porque si nos empezamos a aburrir, si empezamos a tener tiempo para escucharnos, atendernos y conocernos, de pronto nos empezamos a dar cuenta de lo poderosas que somos, del poder que tienen nuestra atención y nuestros pensamientos. Empezaríamos a cuestionar muchas cosas del funcionamiento de los sistemas organizacionales y al pastor no le gusta que las ovejas desobedezcan, le gusta que sigan al rebaño sin hacer preguntas ni conjeturas.

Sé que es difícil, pero ahora más que nunca es importante que empecemos a conectarnos con nosotras, que empecemos a conocer qué situaciones desembocan en qué emociones en nosotras, que identifiquemos qué es lo que nos pone en una alta vibración y qué otras cosas nos hacen sentir en un hueco profundo, que reconozcamos nuestro ciclo y le saquemos ventaja a cada etapa por la que pasamos.
Somos seres creadoras, somos observadoras, somos jugadoras. Aprendamos a jugar.
Con amor,
Mari
